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El cáncer de riñón metastásico es una enfermedad de más difícil manejo cuando se la compara con el cáncer localizado, ya que es más difícil de eliminar completamente el cáncer cuando se ha extendido a varios órganos en diversos lugares del cuerpo. Cuando el cáncer de riñón se encuentra limitado al mismo, la cirugía suele ser curativa ya que se elimina todo el cáncer, por lo que no habría más células cancerosas remanentes en el cuerpo.
En cambio, cuando el cáncer renal metastásico está presente, hay células cancerosas fuera de los riñones. Estas son difíciles de tratar quirúrgicamente ya que muchas de éstas son difíciles de remover (es decir, la extirpación de todos los ganglios linfáticos afectados con cáncer puede no ser posible) o porque la remoción de la misma puede ser demasiado peligroso (es decir, cuando se ven afectados gran parte de los pulmones o el cerebro). Además, una vez que el cáncer de riñón metastásico se ha documentado, a menudo hay depósitos microscópicos del cáncer (que puede ser sólo una pequeña porción de la masa tumoral renal) que no pueden ser detectados por las pruebas diagnósticas con las que los médicos cuentan a su disposición. Como tal, la remoción de todo el cáncer renal metastásico que podemos encontrar, puede no eliminar por completo a la enfermedad.
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