El VEGF pertenece a una familia de proteínas llamadas tirosina quinasas. Una tirosina quinasa, simplemente, es una familia de receptores que se encuentran en la mayoría de las células en el cuerpo. Cuando se estimula adecuadamente, estos receptores pueden cambiar las proteínas dentro de las células (proceso llamado fosforilación) que se traduce en la agrupación de los receptores. Con la agrupación, estos receptores se activan y esto inicia una serie de eventos que producen cambios en el ADN llevando a que la célula produzca nuevos vasos sanguíneos.
El VEGF es importante en el crecimiento del cáncer de riñón, provocando la formación de nuevos vasos sanguíneos en el tumor. Todos los tejidos vivos requieren un suministro de sangre para permitir que los tejidos se oxigenen y se nutran, y el tejido del cáncer de riñón no es una excepción. El desarrollo de un nuevo suministro de sangre es lo que le permite al cáncer de riñón crecer. Al tener un mayor suministro de sangre, las células tumorales son capaces de sobrevivir y continúan multiplicándose. Interferir con el VEGF ayuda a cortar el suministro de sangre al cáncer de riñón, disminuyendo la cantidad de oxígeno y otros nutrientes que las células del cáncer de riñón necesitan para vivir y crecer. Cortar el suministro de sangre al tumor puede conducir a la muerte de ciertas partes del tumor que se considera como reducción del tumor en las evaluaciones radiográficas (tales como tomografías computadas y resonancia magnética).

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| Como se observa en la figura anterior, las células de cáncer de riñón producen VEGF que lleva al crecimiento de los vasos sanguíneos necesarios para el crecimiento tumoral. Así como los vasos sanguíneos crezcan dentro del tumor, las células tumorales recibirán los nutrientes que necesitan para sobrevivir, alentando a su crecimiento. Cuando el VEGF se inhibe, nuevos vasos sanguíneos no crecen y las células del cáncer de riñón finalmente mueren.
Nuestra amplia comprensión de la biología del cáncer de riñón durante los últimos años dio como resultado la identificación de una serie de nuevos posibles objetivos para el tratamiento del CCR avanzado. La introducción de estos nuevos medicamentos es probable que mejore drásticamente el pronóstico de los pacientes con cáncer renal metastásico y, por primera vez, ofrecer una amplia gama de opciones de tratamiento con medicamentos que antes no existían.
El tipo más común de cáncer de riñón se conoce como convencional o cáncer renal de células claras. Aproximadamente el 80% de todos los cánceres renales se clasifican convencionalmente como cáncer de riñón. En los últimos años, científicos han relacionado al cáncer de riñón convencional con cambios en un gen llamado von Hippel-Lindau (VHL). El cáncer de riñón convencional se desarrolla como consecuencia de la pérdida del gen VHL que se traduce en una mayor síntesis de una proteína conocida como factor inducible por la hipoxia (HIF). Es este HIF el que lleva a los tumores a ser muy vascularizados. La sobreexpresión de HIF también es causada por la estimulación de un receptor llamado objetivo de mamíferos de la rapamicina (mTOR). mTOR es un componente clave de las vías de señalización dentro de nuestras células, y mTOR participa en los procesos de crecimiento celular. El bloqueo de las vías que generan los vasos sanguíneos para alimentar el cáncer de riñón (incluyendo mTOR) fue el objetivo principal detrás del desarrollo de nuevos fármacos dirigidos específicamente para el cáncer renal avanzado. Desde diciembre de 2005, 5 agentes han sido aprobados por la Food and Drug Administration de EE.UU. (FDA) para el tratamiento del cáncer avanzado de riñón: sorafenib, sunitinib, temsirolimus, everolimus y bebacizumab. Sorafenib y sunitinib son medicamentos que pueden tomarse por vía oral y se ha demostrado que bloquean directamente el desarrollo de los vasos sanguíneos que alimentan las células de cáncer de riñón (estos medicamentos bloquean los receptores del factor de crecimiento endotelio vascular -2 y -3 (VEGFR-2, VEGFR-3) y al del factor de crecimiento derivado de las plaquetas beta (PDGFR-beta). El temsirolimus y everolimus son medicamentos que bloquean la vía mTOR descrito anteriormente. Por último el bebacizumab, un medicamento que en realidad es parecido a un componente de nuestro propio sistema inmune (anticuerpo monoclonal). Bebacizumab se dirige específicamente a la sustancia química VEF (ver figura abajo)

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Figura: Mecanismo de acción de las terapias blanco en el cáncer renal |
Sorafenib y sunitinib son los dos inhibidores de la tirosina quinasa (TKIs) que son aprobados para el tratamiento del cáncer de riñón. Sorafenib y sunitinib se toman por vía oral y luego circulan por el cuerpo hasta que se unen los receptores tirosina quinasas se encuentran en la superficie celular. Cuando sorafenib y sunitinib se unen al receptor, bloquean la señal que el receptor envía. El bloqueo del desarrollo y el crecimiento de la señal en las células del cáncer renal dan como resultado su encogimiento. Sorafenib y sunitinib son similares en su modo de acción, y por lo tanto comparten algunas características comunes. |